No es lo mismo reírse de los muertos que exigir justicia

¡Ya basta!
Por: José Antonio Sánchez

Durante años, Morena convirtió la negación en política de Estado. Negar la violencia, minimizar las masacres, caricaturizar a las víctimas y descalificar a quien alzara la voz fue parte del manual. El país ardía y el poder respondía con burlas, eufemismos y una frase infame que funcionó como licencia para matar dos veces: “andaban en malos pasos”.

La tragedia nacional fue tratada como ruido de fondo. Si no afectaba al círculo del poder, no existía. Si incomodaba al discurso, se tachaba de propaganda. Y si dolía, peor: se ridiculizaba y la granja de bots guinda; terminaba destrozando cualquier hecho de masacre y dolor familiar.

Hasta que la realidad hizo lo que siempre hace: alcanzó a los negacionistas… ¿Ya dieron aviso a las mamás de los delincuentes, ya fueron a repartir abrazos o mínimo llamaron a las abuelitas para que les jalen las orejas?

Todo esto viene a colación tras el asesinato de familiares de Mario Delgado, dirigente morenista y uno de los grandes beneficiarios del régimen, quien ahora si cambió súbitamente la narrativa, y de la noche a la mañana, la violencia dejó de ser invento, hoy apareció la indignación, hoy se exigió investigación; está vez si se habló de justicia. Simplemente hoy manifestó lo que nunca se pidió para miles, hoy sí exige atención porque el golpe fue en casa.

No hay aquí Fiesta, ni burla, ni revancha. Más bien aquí hay memoria. Y también surge una pregunta incómoda ¿por qué el dolor solo importa cuando tiene apellido cercano al poder? Lo digo sin empacho, con la vara que se mide; hoy están siendo medidos.

Mario Delgado no es un ciudadano cualquiera. Es símbolo de un partido que se rió del país mientras el país enterraba a los suyos. De un movimiento que negó la sangre hasta que la pisó. De una élite política que exigía silencio cuando los muertos eran ajenos y hoy reclama empatía cuando el duelo es propio ¡Vaya calamidad!

Llega a mi mente, algo que alguien una vez mencionó: la violencia no distingue colores, Y ahora repiten con solemnidad tardía “Es verdad” Pero la hipocresía, fue su estandarte y eso es lo que ahora más les duele, ya están aprendiendo que no es bueno negar la tragedia, culpar a las víctimas y administrar la indignación según conveniencia política, hoy descubren una verdad que minimizaron a su antojo y conveniencia.

Y no es venganza, más bien es consecuencia; consecuencia de haber entregado territorios al crimen mientras se administraban excusas, consecuencias de gobernar con propaganda y desprecio por las víctimas, consecuencia de reírse de la muerte hasta que la muerte llamó a la puerta…

Hoy ya no pueden usar la frase de siempre, hoy no aplica el “andaban en malos pasos”, hoy el discurso se les cae a pedazos Y hoy cualquier comentario como este podría ser motivo para descargar su ira, frustración que les embarga, por ser frívolos y vacios.

Porque quedó claro “para quien todavía dudaba” que no es lo mismo burlarse de la violencia desde el poder que enfrentarla cuando te toca a los tuyos, en pocas palabras ” No es lo mismo ser borracho que cantinero”, y mucho menos, reírse de los muertos… hasta que el silencio se vuelve personal, ojalá y les sirva de reflexión, no tenía que terminar así, pero así fue y hoy, solo queda apretar la mandíbula y crispar los puños.