SAN VALENTÍN NO NACIÓ ENTRE FLORES Y CHOCOLATES.
NACIÓ ENTRE DECISIONES VALIENTES
El 14 de febrero no comenzó como una fecha comercial y romántica, sino como el recuerdo de un hombre que decidió amar con coherencia, incluso cuando hacerlo le costó la vida.
En el siglo III, durante el gobierno del emperador Claudio II, se prohibió el matrimonio entre jóvenes soldados, se pensaba que un hombre sin familia era un mejor guerrero, pero un sacerdote llamado Valentín no estuvo de acuerdo. En secreto, continuó celebrando matrimonios, para él, el amor no era debilidad, era dignidad.
Fue arrestado y condenado a muerte.
La tradición cuenta que mientras estaba en prisión, entabló amistad con la hija de su carcelero. Se dice que ella era ciega y que recuperó la vista por las oraciones de San Valentín.
Lo que permanece en la memoria colectiva es que, antes de su ejecución, Valentín le escribió una carta firmada:
*“De tu Valentín.”*
San Valentín no murió por regalar rosas, murió por defender el compromiso.
Hoy la fecha está llena de promociones, cenas románticas y chocolates en forma de corazón y no está mal celebrar, pero reducir San Valentín a solo consumismo es olvidar su raíz.
El verdadero mensaje es más incómodo y más profundo:
• Amar es comprometerse cuando es más fácil irse.
• Amar es sostener la palabra dada.
• Amar es proteger la dignidad del otro.
• Amar es valentía.
El amor auténtico no es emoción pasajera, es decisión diaria.
No es apariencia pública, es coherencia privada.
Porque el amor verdadero no se presume, se sostiene.
Y eso, en cualquier época, siempre será un acto revolucionario.
_¡Feliz día de San Valentín!_
