Apuntes del mercado laboral mexicano: entre avances normativos y retrocesos estructurales
Dra. Erika del C. González Huacuz
Un balance de el ultimo año y el principio del actual revela una paradoja preocupante, mientras el marco normativo avanza hacia la protección de derechos laborales, los indicadores estructurales del mercado de trabajo muestran un deterioro que amenaza con profundizar las desigualdades históricas del país. Esto se refleja en cifras como las de la informalidad laboral, la cual alcanzó 55.4% en el tercer trimestre de 2025, registrando un incremento con respecto al 2024. En diciembre de ese año, 33 millones de personas trabajaban en condiciones de informalidad, 1.2 millones más que en 2024.
Estos números no son simples estadísticas, representan a millones de mexicanos sin acceso a seguridad social, prestaciones o protección ante despidos injustificados. La informalidad sigue siendo el gran talón de Aquiles del mercado laboral mexicano, y su crecimiento constituye un indicador de alarma que debería minimizarse. Simultáneamente, la generación de empleo formal registró su peor desempeño con apenas 278,697 empleos formales creados en 2025. Este dato, en conjunto con la tasa de participación laboral (que cayó de 60.4% a 59.5% entre 2024 y 2025), reflejan que la economía mexicana no solo está generando menos empleos formales, sino que está expulsando trabajadores hacia la informalidad o directamente fuera del mercado laboral.
Por otro lado, la brecha salarial de género permanece como una herida abierta en el tejido social, con realidades como que por cada peso que gana un hombre, una mujer recibe -en promedio- 65 centavos. En el empleo formal, los hombres ganan 1.12 veces más que las mujeres; en el informal, esta proporción se eleva a 1.33 veces. La reforma constitucional de noviembre de 2024 que establece el principio de trabajo igual, salario igual, representa un paso necesario pero insuficiente si no se acompaña de mecanismos efectivos de fiscalización ya que, como se observa, históricamente las leyes no cambian culturas empresariales arraigadas por sí solas.
Otra arista sobre el tema, es que se prevé que el incremento del 13% al salario mínimo general aprobado para este año beneficie alrededor de 8.5 millones de trabajadores; sin embargo, este avance debe contextualizarse, el incremento correspondería a 9,582 pesos mensuales, cantidad que difícilmente permite cubrir las necesidades básicas de una familia en la mayoría de las ciudades mexicanas.
Pero no todo es negativo en el panorama, las reformas laborales implementadas en tiempos recientes son dignas de reconocimiento. Propuestas como La Ley Silla, responde a una necesidad elemental de dignidad laboral; la incorporación de trabajadores de plataformas digitales a la seguridad social representa un ajuste indispensable ante la realidad actual. Estas medidas demuestran que el Estado puede adaptarse a las transformaciones del mundo del trabajo, no obstante, la implementación efectiva de estas reformas si enfrenta desafíos considerables.
Las multas por incumplimiento de la Ley Silla pueden alcanzar 565 mil pesos, pero la capacidad de inspección de la Secretaría del Trabajo es limitada. La formalización de trabajadores de plataformas choca con modelos de negocio diseñados precisamente para evadir obligaciones laborales tradicionales. Sin recursos suficientes para supervisión y sin voluntad empresarial de cumplimiento, las leyes corren el riesgo de convertirse en letra muerta. Además, la iniciativa de reducción gradual de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales entre 2027 y 2030 genera expectativas importantes, pero también interrogantes.
El panorama laboral mexicano en la actualidad exige honestidad sobre lo que ha funcionado y lo que ha fracasado. Celebrar los avances normativos sin reconocer el deterioro de los indicadores económicos fundamentales sería una autocomplacencia peligrosa. El reto no es solo legislar sobre derechos laborales, sino crear las condiciones económicas para que esos derechos sean ejercibles. Mientras la informalidad siga creciendo y la generación de empleo formal siga cayendo, México tendrá un mercado laboral que protege cada vez mejor a cada vez menos personas. Esa no es una victoria, es una ilusión.
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