El Senado y la austeridad de utilería mostrando lo que son.
José Antonio Sánchez
Laborissmo mx.
Aquí no hay confusión posible. No es percepción. No es exageración. Es un acuerdo firmado y publicado en el Diario Oficial de la Federación: los senadores de la República volvieron a subirse el sueldo.
132 mil 900 pesos netos al mes por cabeza en 2026. Segundo año consecutivo con incremento. Y todo bajo el mismo discurso que lleva años repitiéndose como letanía: austeridad, compromiso con el pueblo, primero los pobres.
Mientras tanto, el salario mínimo es de 9 mil 582 pesos mensuales. La brecha no es técnica: es moral. Un senador gana en un mes lo que un trabajador necesita más de un año para reunir. Y todavía tienen el descaro de hablar de empatía social desde la comodidad de su curul.
En 2020 se bajaron la dieta a 104 mil 800 pesos y lo vendieron como acto casi revolucionario. El sacrificio republicano. La nueva ética pública. Duró lo que dura una campaña. Después, silenciosamente, comenzaron los ajustes al alza: 119 mil 700, 126 mil 800, 131 mil 700… y ahora 132 mil 900. La austeridad fue narrativa, y no la convicción que tanto cacarearon.
El costo anual de los 128 senadores ronda los 398 millones de pesos solo en salarios y prestaciones. Trescientos noventa y ocho millones por una Cámara que muchas veces legisla por consigna, levanta la mano en bloque y debate más en tribuna que en resultados tangibles.
La diferencia con el sueldo de la presidenta Claudia Sheinbaum es mínima. La diferencia con la realidad del país es abismal.
Y aquí la pregunta frontal es esta:
¿Con qué cara se habla de sacrificio cuando el primer sacrificio nunca es el propio?
¿Con qué autoridad moral se pide paciencia al ciudadano mientras la clase política ajusta su ingreso cada año?
No es ilegal. Es peor: es perfectamente legal. Y eso exhibe que el problema no es la norma, sino la conciencia.
El Senado no es una institución pobre. Es una institución cómoda.
Cómoda votando aumentos. Cómoda justificándose. Cómoda sabiendo que la indignación nacional dura menos que el siguiente escándalo.
Austeridad para el micrófono.
Incremento para la nómina.
Y el contribuyente, como siempre, financiando el discurso.
