Por: Maestro Arturo Ismael Ibarra Dávalos
01 agosto 2024
UN VIEJO AMIGO SIEMPRE NOS TRAE NOSTALGIAS
Ayer, me encontré inesperadamente a un amigo a quien no veía hace más de 20 años. Pregunté cómo se encontraba (era claro su deplorable estado físico y por ende, fue fácil suponer su precaria situación económica) a lo que me dijo: “ahí pasandola, ya sabes que cuando la vida te agarra de las orejas, no te suelta. Mi esposa me dejó -me reclamó- por uno más exitoso que yo, y desde ese día, espero me lleve la muerte”.
No pude decirle nada y no me atreví a ofrecerle que recibiera un apoyo económico. Sólo le di mi tarjeta de presentación pidiéndole me llamara cualquier día. No me atrevo a decir que sentí lástima por aquel extraordinario escritor, publicista y periodista (un extraordinario personaje, pero sin un gramo de suerte), pero ni los seres, ni las sociedades, ni la vida y ni Dios son justos. Unos nacen con estrella y otros estrellados.
OTRA CASUALIDAD DE MIS LECTURAS
Hace unos días, trepando un librero, RITA tiró unos libros, los estaba acomodando cuando quedó en mis manos el libro LA VERGÜENZA, EL DOLOR Y EL APRENDIZAJE DE LA GUERRA escrito por el historiador John W. Dower.
En su introducción “Abrazando la Derrota” dice: “Aceptar la derrota es necesario para avanzar. Todos enfrentamos situaciones en las que perdemos. En lugar de resistirse a ese sentimiento, la clave es aprender cómo encarar de manera constructiva la derrota para poder aprender de ella y superarla mejor”.
PALABRAS DE ALONSO QUIJANO
Don Quijote explica a Sancho que Homero y Virgilio no describían a los personajes «como ellos fueron, sino como habían de ser para quedar ejemplo a los venideros hombres de sus virtudes.
Ahora bien, el propio Don Quijote es un ejemplo a seguir. Los personajes novelescos no piden que se les admire por sus virtudes. Piden que se les comprenda, lo cual es algo totalmente distinto. Los héroes de epopeya vencen o si son vencidos, conservan hasta el último suspiro su grandeza. Don Quijote ha sido vencido. Y sin grandeza alguna. Porque de golpe, todo queda claro: la vida humana como tal es una derrota. Lo único que nos queda ante esta irremediable derrota que llamamos vida es intentar comprenderla. Ésta es la razón de ser del arte de la existencia.