Karl Marx, nacido en Alemania, fue un filósofo, economista, periodista y crítico feroz del capitalismo. Vivió exiliado, vigilado y con problemas económicos casi toda su vida.

Junto a Friedrich Engels escribió el Manifiesto del Partido Comunista y más tarde publicó El Capital, donde desarrolló su idea central: el sistema económico define la estructura social, política y cultural.

Su tesis era clara y frontal:
🔹La historia es una lucha entre clases.
🔹El capitalismo genera riqueza, pero también explotación.
🔹Los trabajadores producen el valor, pero no reciben lo que realmente generan.
🔹El objetivo final debía ser una sociedad sin clases, sin propiedad privada de los medios de producción.

No hablaba de reformas suaves. Hablaba de transformación estructural.

¿Y cómo terminó? Murió en 1883 en Londres. Sin ver una sola revolución triunfar bajo su nombre. Sin imaginar que décadas después sus ideas inspirarían movimientos que cambiarían el mapa político del siglo XX.

La Revolución Rusa, los regímenes socialistas en Europa del Este, China, Cuba. Algunos lo presentan como el padre intelectual de sistemas que prometieron igualdad y terminaron en autoritarismo. Otros lo ven como el crítico más agudo de las injusticias del capitalismo moderno.

Por eso su nombre nunca es neutro, para unos, Marx es una advertencia y para otros, es una brújula moral frente a la desigualdad.

Y en el terreno de la educación pública, donde se forman generaciones, donde se construyen valores y visión de país, la pregunta de fondo no es solo quién fue Marx, sino qué tipo de ideas deben influir en la formación de millones de estudiantes.

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