Tenemos Una Universidad Parchada y Vulnerable

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POR: M.C. ALEJANDRO MARTÍNEZ FUENTES
9 de septiembre de 2019
TENEMOS UNA UNIVERSIDAD PARCHADA Y VULNERABLE
La última reforma a la Ley Orgánica de la Universidad Michoacana fue en septiembre de 1986, como recordarán muchos universitarios, con el problema de los dos rectores con que cerró su sexenio el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas y así emproblemada la recibió su sucesor el Ing. Luis Martínez Villicaña (q.e.p.d.). A sugerencia del secretario de gobierno de ese entonces, Dr. Genovevo Figueroa, se modificó la Ley Orgánica, únicamente en lo que se refiere al nombramiento del rector, integrándose para tal efecto la “Comisión de Rectoría”. En esa reforma del 86, el Congreso mandató al H. Consejo universitario a adecuar el estatuto universitario en “un plazo prudente” a la nueva ley orgánica y, así han transcurrido treinta y tres años y diez rectorados (Ing. Leonel Muñoz, Lic. Daniel Trujillo, MC. Salvador Galván, Mtro. Napoleón Guzmán, Lic. Marco Antonio Aguilar, Mtro. Jaime Hernández, Dra. Silvia Figueroa, Dr. Salvador Jara, Dr. J. Gerardo Tinoco, y Dr. Medardo Serna). Nadie, léanlo bien, absolutamente nadie, ha sido capaz de cumplir con ese mandato del Congreso del Estado, todos le dieron la vuelta con mil justificaciones y nuestra bendita universidad sigue pagando las consecuencias.
El actual rector Dr. Raúl Cárdenas, no sólo amenaza con no cumplir ese mandato del Congreso del Estado, sino que prepara su artillería para imponerle un parche más, pero ahora al artículo 29 de la Ley Orgánica, referente al régimen de pensiones y jubilaciones.
Con ese motivo se desvía toda la atención respecto de la REFORMA INTEGRAL de la Universidad, que realmente es su problema de fondo; en ese terreno no se mete la autoridad universitaria, porque pone en riesgo el negocio de la cúpula del poder universitario.
Hace más de tres décadas que los universitarios vivimos bajo el yugo de esa mafia, que ha hecho de la casa de Hidalgo su feudo y su negocio particular, misma que no está dispuesta a ceder ni un ápice. ¿Para qué poner en riesgo esa mina de oro con una reforma universitaria? Lo que pudiera en un momento dado determinar otras formas más democráticas de elegir a las autoridades universitarias, sobre todo al rector, —y no como sucede actualmente en lo oscurito y bajo la batuta de ya saben quién, tras bambalinas y en la sombra— se diseña la ruta a su conveniencia, en el nombramiento del rector en turno, con la única condición de que éste sea leal y celoso del negocio.
Una Reforma Integral Universitaria (Académica, administrativa y jurídica)es urgente e impostergable con el objeto de resolver de fondo sus estructuras de gobierno, su marco normativo y regulador de las funciones sustantivas y adjetivas de la institución, así como otorgarle certeza y certidumbre al quehacer universitario.
Otros pendientes no menos graves es lo que se refiere a la rendición de cuentas y transparencia; en nuestro actual marco jurídico no se toca de manera contundente la obligatoriedad de la rendición de cuentas y del manejo transparente en el ejercicio de los recursos financieros y materiales de la institución.
Así podemos seguir enumerando una serie de vacíos, contradicciones e incongruencias legales en nuestra legislación universitaria, que URGE sean regularizados a la brevedad, dentro de un nuevo orden jurídico, con el objeto de lograr la eficiencia y eficacia en todos los procesos de la vida institucional de nuestra Máxima Casa de Estudios. Lamentablemente esta administración como las anteriores, no dan señales mínimas de querer actualizar y modernizar a la institución más emblemática de América Latina.