Viernes De Cantina

En 1960, el gobierno cubano llegó y se quedó con las fábricas y propiedades de una de las familias empresarias más importantes de la isla.

La familia tuvo que salir de Cuba y parecía que acababan de perder el negocio que habían construido durante casi un siglo. Pero había algo que el gobierno no podía quitarles. Y gracias a eso reconstruyeron Bacardí fuera de Cuba y terminaron convirtiéndola en un gigante mundial.

La historia había comenzado casi 100 años antes. En 1862, Facundo Bacardí Massó, un inmigrante español que vivía en Santiago de Cuba, fundó una pequeña destilería junto con su hermano.

En aquella época, el ron era una bebida bastante áspera. Facundo comenzó a experimentar con diferentes formas de producirlo, utilizando filtración con carbón, envejecimiento en barricas y una cepa especial de levadura. Así nació Bacardí. Y también nació uno de los logos más reconocibles del mundo.

En la destilería había murciélagos y la esposa de Facundo propuso utilizarlos como símbolo de la empresa. Por eso, más de 160 años después, todavía hay un murciélago en cada botella de Bacardí.

La empresa creció durante generaciones hasta convertirse en uno de los negocios más importantes de Cuba. Pero la familia tomó una decisión que décadas después terminaría salvándola. No dejó todo su negocio dentro de la isla.

Mucho antes de la Revolución cubana, Bacardí comenzó a expandirse internacionalmente. Abrió operaciones en México en la década de 1930 y una gran destilería en Puerto Rico en 1936. Así que cuando Fidel Castro llegó al poder en 1959, Bacardí ya tenía parte de su negocio fuera de Cuba.

Y aquí la historia se vuelve todavía más interesante. Algunos integrantes de la familia Bacardí habían apoyado inicialmente el movimiento que luchaba contra la dictadura de Fulgencio Batista. Pero la relación con el nuevo gobierno se deterioró rápidamente.

En octubre de 1960, el gobierno revolucionario nacionalizó las operaciones de Bacardí en Cuba. La familia perdió sus destilerías, oficinas y otros bienes que tenía dentro del país.

Después de casi 100 años construyendo una empresa en Cuba, parecía que todo había terminado. Pero no. Porque el gobierno cubano podía quedarse con los edificios y las máquinas. Lo que no podía hacer era desaparecer todo lo que Bacardí ya tenía fuera de Cuba.

La compañía conservaba operaciones internacionales, tenía protegidas sus marcas en otros países y había llevado fuera de la isla su importantísima cepa de levadura. Eso significaba que podían perder una fábrica… y construir otra. Podían perder sus oficinas… y abrir nuevas. Pero seguían teniendo el nombre, el conocimiento para producir su ron y una estructura empresarial que ya existía fuera de Cuba.

Bacardí trasladó definitivamente su operación fuera de la isla y continuó creciendo desde Puerto Rico, México y otros lugares. Y lo que pasó después probablemente habría sido difícil de imaginar para aquella familia que acababa de perder sus propiedades cubanas.

Bacardí terminó convirtiéndose en una de las compañías privadas de bebidas alcohólicas más grandes del mundo. Y ya no solamente vende ron. Con los años, la compañía fue comprando marcas que seguramente conoces.

  • Martini.
  • Bombay Sapphire.
  • Grey Goose.
  • Tequila Patrón.

Todo pertenece actualmente al mismo grupo empresarial que comenzó con aquella pequeña destilería en Santiago de Cuba en 1862. Y quizá esa sea la parte más interesante de esta historia. El gobierno cubano pudo quedarse con sus edificios, sus terrenos y sus fábricas.

Pero Bacardí había construido algo que era muchísimo más difícil de confiscar: una marca, una receta, conocimiento y un negocio que ya había cruzado las fronteras de Cuba. Han pasado más de 65 años desde aquella expropiación.

Bacardí nunca volvió a producir su ron en Cuba. Pero aquella empresa que parecía haberlo perdido todo sobrevivió fuera de la isla y terminó siendo mucho más grande de lo que era antes. A veces puedes perder una fábrica. Puedes perder un edificio. Incluso puedes perder prácticamente todo lo material que construiste.

Pero esta familia demostró que mientras conserves el conocimiento para volver a hacerlo, todavía puedes empezar otra vez.

Laborissmo

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