Adán Augusto: el hombre que siempre “no sabía”
Por: José Antonio Sánchez
Adán Augusto López Hernández camina por la política mexicana como quien cruza un campo minado con los ojos vendados… y aun así asegura que no escuchó ninguna explosión. Su trayectoria no es la de un improvisado: es la de un sobreviviente. Un político de esos que nunca caen, solo “se reubican”.
Fue gobernador de Tabasco, secretario de Gobernación, operador de confianza, aspirante frustrado y hoy senador con mando, presupuesto y silencio institucional. Siempre cerca del poder, nunca demasiado expuesto… al menos no hasta que la realidad empezó a pedir explicaciones.
Porque el problema con Adán Augusto no es lo que dice, sino todo lo que jura no haber visto.
No vio “por ejemplo” cómo su secretario de Seguridad en Tabasco terminó señalado por vínculos criminales. No supo, no escuchó, no sospechó. Una amnesia selectiva que ya es doctrina política: cuando el escándalo estalla, la ignorancia se vuelve escudo.
Tampoco parece haber notado cómo su patrimonio crecía con una vitalidad que ni la inflación explica. Herencias, asesorías, servicios profesionales, coincidencias contables… la creatividad fiscal suele ser más fértil cuando se riega con poder.
En el Senado, su nueva trinchera, el dinero tampoco habla: se multiplica. Bolsas presupuestales que crecen de manera obscena, gastos que se diluyen en la opacidad y una defensa recurrente: “todo es legal”. Porque en la política mexicana, lo legal rara vez significa lo transparente.
Y cuando el apellido aparece en nóminas ajenas “hijos bien colocados, sueldos bien pagados” la respuesta es casi enternecedora: no es nepotismo, es vocación temprana. Como si el mérito, casualmente, siempre supiera a sangre.
Ahora, entre rumores de exilios diplomáticos y salidas “elegantes”, el nombre de Adán Augusto vuelve a circular. No como castigo, claro, sino como reconocimiento internacional. Porque aquí no se destierra a los incómodos: se les manda lejos con pasaporte oficial y fuero moral (como muestra está Reptilio Escandón Cadenas, cuñado de Adán Augusto, quien llenó de inseguridad al estado de Chiapas, mientras gobernaba y de premio lo mandaron a vacacionar al estado de Florida).
Adán Augusto no cae. Flota. Flota entre escándalos, investigaciones periodísticas, denuncias políticas y silencios convenientes. Es el retrato de una clase política que no se defiende con argumentos, sino con desgaste: esperar a que el escándalo se canse antes que ellos y seguir su camino con el respaldo y el nepotismo cínico del poder actual que gobierna desde el interior.
Y quizá esa sea su mayor habilidad: no gobernar, no explicar, no aclarar… sino resistir. Permanecer. Sobrevivir y mandar a la chingada a todo aquel que cuestione, total quien siempre le adoso y aún le adosa la espalda… Es MALO.
En un país donde la memoria es corta y el poder es indulgente, Adán Augusto López Hernández no es la excepción: es el síntoma, y como metástasis avanza sin tener tope, y paliativamente todo le hace lo que el viento a Juárez; pero queda una incógnita prendida ¿Hasta cuándo durará este cáncer choco que no tumba… Pero molesta y daña a discreción?
