A ver si esto contribuye a que seamos mas comprensivos con los maestros y sus manifestaciones; siendo mas solidarios, porque, al final sus problemas tambien terminaran siendo los nuestros: La reforma al ISSSTE de 2007.
Cada vez que los maestros de la CNTE bloquean avenidas, instalan plantones o amenazan con paralizar el país, el gobierno y los medios repiten la misma cantaleta: “¿Otra vez los maestros? ¿Qué quieren ahora?”. La respuesta es más sencilla y a la vez más compleja de lo que parece.
Entre sus exigencias hay una central: la abrogación total de la Ley del ISSSTE de 2007. Detrás de ese tecnicismo legal se esconde la historia de cómo el neoliberalismo le robó a los trabajadores del Estado la posibilidad de una vejez digna, convirtió sus ahorros en jugosos negocios para los banqueros y los dejó con pensiones de hambre.
Para entender el paro nacional que el magisterio prepara desde el 1 de junio, hay que comprender qué es esa ley y por qué los maestros la odian con razón. Bienvenidos a la clase de hoy: La reforma al ISSSTE para principiantes. Preparen sus cuadernos, porque esto no está en los libros de texto gratuitos.
Capítulo I: ¿Qué era el ISSSTE antes del 2007?
Para saber lo que se perdió, hay que entender lo que había. Antes de la reforma de 2007, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) operaba bajo un sistema solidario de pensiones. El funcionamiento era simple: los trabajadores activos aportaban un porcentaje de su salario; con esos recursos, el instituto pagaba las pensiones de quienes ya se habían jubilado. Es lo que los economistas llaman sistema de reparto, y su característica fundamental es que las pensiones eran solidarias y redistributivas: los trabajadores jóvenes sostenían a los viejos, y todos sabían que cuando les tocara el turno, alguien haría lo mismo por ellos.
¿Cuánto se recibía? El cálculo era bastante generoso. La pensión se calculaba tomando como base el salario íntegro del último año de trabajo, y se requerían 30 años de servicio para los hombres y 28 para las mujeres. Con esos requisitos cumplidos, el trabajador se jubilaba con una pensión equivalente al 100% de su último sueldo. El sistema era, en esencia, la promesa del Estado de que si le dedicabas tres décadas de tu vida a servir al pueblo (dar clases, atender enfermos, administrar justicia), él te garantizaría una vejez tranquila y con los mismos ingresos que tenías antes de retirarte.
Capítulo II: ¿Qué cambió con la reforma de 2007? (La gran estafa explicada paso a paso)
Todo cambió el 31 de marzo de 2007, cuando el presidente Felipe Calderón Hinojosa (sí, el mismo del Fox y su güera, nos dejó en la ruina) promulgó la nueva Ley del ISSSTE. El panista, fiel a su manual neoliberal, decidió aplicar al ISSSTE la misma receta que Ernesto Zedillo le había aplicado al IMSS diez años antes. La reforma fue un calco: privatización de las pensiones mediante el sistema de cuentas individuales administradas por Afores. En términos simples, acabó con la solidaridad entre generaciones y convirtió el retiro de cada trabajador en un negocio individual regido por el mercado financiero.
El paso del sistema solidario al de cuentas individuales
Con la nueva ley, el dinero que los trabajadores aportaban para su retiro dejó de ir a una bolsa común. En su lugar, cada trabajador tiene una cuenta individual (como si fuera una alcancía personal) donde se depositan sus aportaciones y las de su patrón (en este caso, el Estado). Ese dinero es administrado por una Administradora de Fondos para el Retiro (Afore), que lo invierte en los mercados financieros con el objetivo (siempre incierto) de generar rendimientos. Cuando el trabajador se jubila, su pensión depende exclusivamente del saldo acumulado en su cuenta individual.
Pero el negocio no termina ahí. Las Afores no trabajan gratis: cobran comisiones por administrar el dinero de los trabajadores, comisiones que se llevan sin importar si las inversiones fueron rentables o no. Como denuncia la CNTE, se trata de un sistema que “enriquece a unos cuantos especuladores y destina a una pensión de miseria a millones de maestros”. El dinero de los trabajadores se convierte en capital de inversión para los grandes bancos, y los dueños de las Afores se forran con las comisiones mientras los maestros se jubilan con una pensión que no alcanza ni para pagar el recibo de la luz.
Edad de jubilación: de los 58 a los 65 años (y subiendo)
Pero la puñalada no fue solo en el modelo, sino en los requisitos. Antes del 2007, la edad de jubilación era de 58 años (para quienes cotizaban bajo el régimen solidario). Con la reforma, la edad mínima se elevó progresivamente hasta llegar a los 65 años. Además, se exigen 25 años de cotización para acceder a la pensión por vejez. Un maestro que entra a laborar a los 25 años tendría que trabajar cuatro décadas, hasta los 65, para poder jubilarse. Si los años de servicio no se completan, la pensión se reduce drásticamente.
El golpe al bolsillo: de una pensión completa a una miseria
Aquí está la parte más dolorosa y la que mejor explica el hartazgo magisterial. La SEP, en una de sus conferencias mañaneras, hizo el cálculo. Imaginemos a un maestro que gana 16 mil pesos mensuales. Bajo el viejo sistema solidario, al jubilarse recibiría una pensión equivalente al 66% de su salario, es decir, 10 mil 560 pesos. Bajo el nuevo sistema de cuentas individuales, la misma maestra o el mismo maestro recibiría apenas 4 mil 320 pesos mensuales. La diferencia es brutal: con el modelo neoliberal se pierde más de la mitad del ingreso. Y eso sin contar la inflación, que cada año reduce el poder adquisitivo de esos 4 mil 320 pesos. Con ese dinero, ¿alguien puede pagar renta, comida, servicios y medicinas? La respuesta es no.
Capítulo III: Los regímenes y la confusión legal (o cómo el gobierno divide para reinar)
Para complicar aún más las cosas, la ley estableció dos regímenes de pensiones. El Régimen de Cuentas Individuales (el nuevo, neoliberal) aplica a quienes comenzaron a cotizar al ISSSTE a partir del 1 de abril de 2007. El Régimen del Décimo Transitorio permitió a algunos trabajadores mantener el sistema solidario, pero con un requisito adicional: la edad de jubilación se fue incrementando gradualmente hasta llegar a los 65 años en 2018. Este esquema transitorio establece diferencias notables entre los derechos de los trabajadores, creando una segmentación de la población laboral y, con ello, una fractura en la solidaridad de clase.
Capítulo IV: ¿Y qué ha pasado desde entonces? (Reformas que no reforman nada)
A lo largo de los años, ha habido intentos de enmendar la ley, pero siempre con el mismo objetivo: maquillar sin cambiar la esencia. Durante el gobierno de López Obrador, y ahora con Claudia Sheinbaum, se han presentado iniciativas para modificar la ley, pero ninguna toca el corazón del problema: las cuentas individuales y las Afores. En febrero de 2025, Sheinbaum envió al Congreso una iniciativa de reforma que solo modificaba aspectos administrativos menores, como la atención a derechohabientes, pero que dejaba intacto el modelo privatizado. Ante la presión de la CNTE, la iniciativa fue retirada. Pero el magisterio no se conformó: lo que exigen no es un parche, es la abrogación total de la ley del 2007 y el regreso al sistema solidario.
Capítulo V: La conexión neoliberal – ¿Por qué esto no es un accidente, sino una política de clase?
Si alguien aún cree que la reforma del ISSSTE fue un error técnico o una medida de “austeridad”, no ha entendido nada. La reforma de 2007 fue la segunda gran oleada de privatización de pensiones en México, después de la que Zedillo le aplicó al IMSS en 1997.
Es parte de una estrategia más amplia de desmantelamiento del Estado de bienestar, que incluye la reforma educativa de Peña Nieto y la creación de la USICAMM, otra máquina neoliberal que fragmentó al magisterio y lo sometió a evaluaciones punitivas y a un sistema de concursos individuales que pulverizó el contrato colectivo de trabajo.
El objetivo de clase es claro: disminuir las cotizaciones patronales, transferir el riesgo del mercado al trabajador y abrir nuevas áreas de acumulación de capital para el sector financiero. El dinero de los trabajadores ya no sirve para garantizarles una vejez digna; sirve para alimentar los mercados bursátiles y las ganancias de los banqueros. Como señala el análisis de la CNTE, las Afores no solo administran los ahorros de los trabajadores, sino que prestan ese dinero al propio Estado a tasas de interés que alcanzan el 10%, con lo que el gobierno se endeuda aún más y las Afores multiplican sus ganancias a costa del pueblo.
Capítulo VI: ¿Qué exige la CNTE?
La CNTE ha sido clara en sus demandas centrales:
- Abrogación total de la Ley del ISSSTE de 2007. No reformas, no parches, no simulaciones: que la ley desaparezca del ordenamiento jurídico.
- Regreso al sistema solidario de pensiones, donde los trabajadores activos aportan para pagar las jubilaciones de los que ya se retiraron, y donde la pensión se calcula con base en el último salario y los años de servicio, no en el ahorro individual y los caprichos del mercado financiero.
- Jubilación por años de servicio y no por edad. La CNTE propone regresar a los 30 años de servicio para hombres y 28 para mujeres, sin importar la edad del trabajador. Si un maestro empieza a laborar a los 22 años y cumple 28 de servicio a los 50, debería poder jubilarse en ese momento, no tener que esperar hasta los 65.
- Que las pensiones se calculen con base en el salario mínimo, no en la UMA. La UMA es una unidad de medida que ha perdido poder adquisitivo frente al salario mínimo real, por lo que los cálculos en UMA reducen aún más el monto de las pensiones.
- Aumento salarial del 100%. Esta demanda no es caprichosa: el salario base de los docentes es tan bajo que, incluso si se regresara al sistema solidario, la pensión seguiría siendo insuficiente. La CNTE exige duplicar el sueldo base para que las futuras jubilaciones tengan una base sólida.
Capítulo VII: ¿Por qué el gobierno se niega a abrogar la ley? (El negocio de las Afores y la deuda pública)
El gobierno tiene miedo, y no es un miedo infundado. Abrogar la ley del 2007 implicaría regresar al sistema de reparto solidario, lo que representaría un gasto enorme para el erario. Pero detrás de ese argumento financiero se esconde una realidad más sucia: el dinero que los trabajadores han acumulado en las Afores (más de 707 mil millones de pesos solo en el caso del ISSSTE) ya está comprometido en inversiones, préstamos al Estado y otros negocios financieros.
Sacar ese dinero del sistema de capitalización individual sería un golpe al corazón del sistema financiero mexicano. Por eso, aunque la presidenta prometió en campaña abrogar la ley, hoy desde el poder se ha dedicado a simular, a presentar iniciativas cosméticas y a culpar a la falta de recursos. La CNTE lo resume así: “No mentir, no robar y no traicionar, el gobierno hace exactamente lo contrario. Has faltado a la verdad, has permitido el despojo y traicionado la palabra empeñada ante el pueblo”.
Epílogo: La lucha continúa (y no es solo por unos pesos más)
Los maestros de la CNTE no piden limosna; exigen derechos. Y la abrogación de la ley del 2007 no es solo una demanda económica: es la restitución de un principio fundamental de la seguridad social: la solidaridad. El sistema de cuentas individuales no solo empobrece a los trabajadores en su vejez, sino que los aísla, los individualiza y los enfrenta entre sí en una lucha por unos ahorros que nunca serán suficientes.
La lucha por el sistema solidario es, en esencia, una lucha colectiva: la apuesta por un mundo donde los trabajadores se reconozcan como clase, se ayuden entre generaciones y no dejen que el mercado decida quién merece vivir dignamente en la vejez.
El paro nacional que arrancará el 1 de junio es la última carta de un gremio que ha visto cómo, durante casi dos décadas, el Estado les robó el futuro. Los maestros no están pidiendo un aumento; están pidiendo que se les devuelva lo que nunca debieron quitarles. Están pidiendo que el gobierno deje de proteger los intereses de los banqueros y empiece a proteger los derechos de los trabajadores. Y mientras eso no ocurra, las calles seguirán siendo su única aula, la protesta su única voz, y la abrogación su única esperanza.
Glosario para principiantes
· Afores (Administradoras de Fondos para el Retiro): Empresas privadas que manejan las cuentas de ahorro para el retiro de los trabajadores, cobrando comisiones por su servicio. Son las grandes beneficiarias del sistema de capitalización individual.
· Abrogación: Derogación total de una ley. Es lo que la CNTE exige, a diferencia de una reforma o modificación parcial. Que la ley del 2007 desaparezca por completo del sistema jurídico mexicano.
· Capitalización individual: Sistema en el que cada trabajador ahorra por su cuenta para su retiro, y su pensión final depende del saldo acumulado (más los rendimientos o pérdidas del mercado). Es el modelo opuesto al sistema solidario.
· Cuentas individuales: Instrumento financiero donde se depositan las aportaciones del trabajador y de su patrón para el retiro. Administradas por las Afores, su saldo determina el monto de la pensión.
· ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado): La institución encargada de la seguridad social (salud, vivienda, pensiones) de los empleados del gobierno federal.
· Neoliberalismo: Corriente económica que promueve la privatización de los servicios públicos, la reducción del gasto social y la apertura de los mercados. En pensiones, su principal dogma es que el Estado no debe garantizar el retiro, sino que cada quien debe ahorrar por su cuenta en el sistema financiero privado.
· Reforma estructural: Cambio profundo en las leyes que modifican la relación entre el Estado, la sociedad y el mercado. En el caso del ISSSTE, la reforma de 2007 fue una reforma estructural neoliberal.
· Sistema solidario (o de reparto): Modelo de pensiones en el que los trabajadores activos aportan para pagar las pensiones de los jubilados. El Estado garantiza que, al cumplir con los requisitos (años de servicio), el trabajador recibirá una pensión basada en su último salario, sin depender de los vaivenes del mercado financiero.
· UMA (Unidad de Medida y Actualización): Unidad de cuenta que el gobierno usa para calcular multas, cuotas y algunas prestaciones. Su valor ha crecido por debajo del salario mínimo real, por lo que las pensiones calculadas en UMA son inferiores a las que se calcularían en salarios mínimos.










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