“Gaslighting” político: ¿Qué es y cómo responder?

Para entenderlo mejor tomemos la premisa de que lo mas importante es desinformar sin importar el gran impacto ciudadano en su participación social y la despreocupación evidente de la salud mental de la población.

Te sorprendería saber que es una de las palabras mas buscadas en las redes sociales, si hablamos de relaciones toxicas tendremos que buscar este término para entenderlo

Se define como una manipulación psicológica hacia una victima la cual cuestiona sus pensamientos, percepción o recuerdos, a fin de que pierda su auto estima o su estabilidad mental obteniendo el victimario el control y seguridad de la víctima.

En pocas palabras el victimario va socavando tu estabilidad emocional hasta permitirle llenarte de miedo y convertirte en una marioneta de sus afirmaciones y tu concedes la razón de manera automática sin detenerte a pensar si tiene razón, es valida o se ajusta a la realidad.

Pero ha surgido una definición más reciente. El propio diccionario atribuye esta definición nueva al aumento vasto en canales de desinformación. Los estudiosos del tema apuntan a que hoy el gaslighting es un patrón observado fuera de lo interpersonal; presente también en espacios políticos.

La desafortunada verdad del gaslighting es que es mucho más generalizado e invasivo de lo que pensamos o sabemos. Y hoy, se reconoce como una dinámica entre dos personas, grupos de personas o instituciones en el poder porque es una estrategia que funciona para controlar o manipular a otros para su propio beneficio”, escribió Robin Stern, psicoanalista de Yale University

Si el gaslighting puede tener efectos nefastos en la salud mental de una persona, imagínate cómo podría afectar el bienestar de una sociedad entera.

¿Cómo funciona el gaslighting político?

Se utiliza un patrón que consiste en estrategias que de manera sistémica van distorsionando tu realidad. Consiste en aislar lideres de opinión y repetirle una mentira hasta que se convierte en una realidad con la finalidad de usarlo para impactar en la participación ciudadana.

A menudo, estos patrones permiten a los manipuladores lograr metas como:

Influir sobre la opinión pública, tomar decisiones que perjudican a ciudadanos, dividir a las personas, restar credibilidad a instituciones, medios de comunicación y activistas. Acaparar el poder político .

De ser efectivo el gaslighting, esta manipulación puede distorsionar cómo las personas perciben datos históricos y eventos actuales. Aunque la propaganda política es un ejemplo clave de desinformación en contextos políticos —en la Alemania nazi, la Guerra Fría y tras los atentados contra las Torres Gemelas (9/11)—, hay un reto moderno que ha aumentado el volumen de la desinformación: el mundo digital.

Ante un océano de información, es difícil distinguir lo real de lo falso. Peor aún, algunos ciudadanos no tienen las destrezas para verificar si lo que leen es cierto o no.

“Nos abrumamos rápido con información y buscamos atajos para saber qué creer y qué no creer. Y es en esos atajos donde caemos en esta garra de la desinformación” creando un efecto polarizante, muy alejado de una realidad tangible, además de desarrollar fanatismos que defienden lo indefendible aun teniendo información fidedigna y validada seguimos negándola con toda la convicción de que es falsa.

Si te hace sentido, espero tus comentarios en el whats 4432245650, gracias por leerme. Alex Zarate

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