“Un hombre inteligente a veces se ve obligado a emborracharse para pasar tiempo con sus tontos.” – Ernest Hemingway
Ernest Hemingway ganó el Premio Nobel, sobrevivió a una guerra, recorrió medio mundo y escribió algunas de las novelas más importantes del siglo XX. Pero su historia terminó de una manera profundamente trágica.
Nació en 1899 y empezó trabajando como periodista. Durante la Primera Guerra Mundial sirvió como conductor de ambulancias y resultó herido. Aquella experiencia aparecería años después transformada en literatura.
En París se convirtió en parte de una generación legendaria de escritores expatriados. Allí comenzó a construir una carrera que produciría obras como Fiesta, Adiós a las armas y Por quién doblan las campanas.
Su vida era casi tan intensa como sus libros. Amaba la pesca, la caza, los viajes, el esquí y las corridas de toros. También cubrió la Guerra Civil Española como corresponsal.
Durante buena parte de los años 40 y 50 vivió en Cuba. Allí escribió El viejo y el mar, publicado en 1952. La obra ganó el Pulitzer y poco después, en 1954, Hemingway recibió el Premio Nobel de Literatura.
Pero el reconocimiento mundial no evitó su deterioro físico y mental.
En 1961, a los 61 años, Hemingway se suicidó en Idaho.
Su influencia sobrevivió a su muerte. Durante décadas, miles de escritores intentaron imitar esa prosa seca, directa y aparentemente sencilla que convirtió en su sello personal.











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