La Reflexión

Hace unos días vi una película en una popular plataforma y con anterioridad había visto algunas series de narcos, “el señor de los cielos, la Reyna del sur, el chema Venegas, el cartel de los sapos, las muñecas de la mafia, etc. todo inicia con Colombia, la empresa televisora caracol encontró un nicho de mercado con los temas de narcos y nuestro país no fue la excepción, le siguió contundentemente con el libro de Arturo Pérez Reverte, publicado en el 2002, ¿pero que encontramos en ese libro y las series, que mensaje se mandó durante décadas?

El mensaje fue mucho más potente que el que está en el guion. Y es contradictorio, decimos estar perdiendo los valores, la ética, la educación y que estamos inmersos en la corrupción y no confiamos en la clase política, ¿pero por qué?

Ahí está el núcleo moral en el mensaje enviado socialmente, El crimen funciona. Esa es la lección más repetida. El protagonista empieza pobre, humillado, impotente, y termina con dinero, poder, mujeres, respeto, mansiones y la capacidad de doblar al Estado. Aunque muera al final en el capítulo 60, vivió 59 capítulos ganando. El cerebro registra eso, el castigo es un epílogo, el premio es la serie entera.

¿Que fue la constante? Que el estado no existe o es el enemigo. Policías, políticos, jueces y militares salen corruptos, tontos o cómplices. El narco aparece como el único que sí resuelve, que da trabajo, que pone orden, que ayuda al pueblo, en lugares como Michoacán eso pega muy fuerte porque conecta con una experiencia real de abandono.

La violencia es trabajo, ya no es tragedia, es logística. «Levantar», «encobijar», «dar piso» se vuelve vocabulario de oficina. Cuando ves 30 muertes por episodio, la muerte 31 deja de dolerte. Estamos entrenando la desensibilización., La cultura se vuelve identidad, la música, la ropa, la camioneta, el acento, el «ser bien pesado». Dejamos de contar historias sobre narcos y empezamos a crear una estética narco que los jóvenes pueden copiar sin necesidad de traficar. Es aspiracional, aunque no dispares un arma.

Hay justificaciones que casi todas las series usan y que el público compra sin darse cuenta, la victimización, «entró por necesidad», «era por su familia», «el sistema no le dejó otra», convierte la elección moral en destino inevitable.

La humanización selectiva, lo mostramos llorando por su mamá, jugando con su hijo, siendo leal con sus amigos, eso es humano, pero usamos esa humanidad para blanquear todo lo demás, no le hacemos lo mismo a sus víctimas, que quedan como bulto.

El código de honor falso, “Yo no mato mujeres ni niños», «yo respeto mi palabra», crea la ilusión de que dentro de lo malo hay buenos y malos, y que se puede ser un criminal ético.

El resultado moral es peligroso, relativismo, no es que el mal esté bien, es que deja de existir el bien y el mal, solo hay «juego», «negocio», «guerra» y en una guerra todo se vale.

Por qué lo seguimos viendo entonces, no es porque seamos malos, es porque estas series hacen las cosas muy bien, nos explican el caos, te dan una narrativa simple de por qué el país está como está.

Nos dan poder por proxy, en una vida donde muchos se sienten impotentes frente a la extorsión, la corrupción o la inseguridad, ver a alguien que no se deja es catártico, nos hacen sentir insiders, entendemos los códigos de un mundo que nos da miedo.

El problema no es verlas, el problema es verlas sin contrapeso, en Colombia, después de Escobar, hubo un debate nacional enorme sobre esto y se reglamentó, en México casi no lo hemos tenido y si se tuvo, pasa desapercibido.

Pregunta honesta, cuando ves una de estas series, ¿sales pensando «qué horror lo que pasa» o sales pensando «qué chingón vive ese vato»?

En contraparte, la película la captura no es otra narco serie glorificando al capo. Está basada en hechos reales, inspirada en una crónica de Héctor de Mauleon, y reconstruye la Operación Cisne Negro del 8 de enero de 2016 en Los Mochis, Sinaloa, la tercera recaptura de Joaquín «El Chapo» Guzmán.

La historia sigue a dos agentes de la ya extinta Policía Federal, la realidad moral de México que expone, lo que revela sobre nosotros

Lo potente no es la captura en sí que todos conocemos, es lo que revela sobre nosotros, invierte lo que durante décadas consumimos, desmitifica nuestras instituciones y pone al policía corrupto en un policía integro, con valores y amor a su institución

Eso es una crítica moral directa, ¿por qué México celebra piñatas de capos y no de los policías que lo capturaron?

Deja al descubierto la soledad del Estado honesto. esa es la metáfora moral de México, el policía honesto, mal pagado, mal equipado, abandonado por el sistema, sosteniendo al monstruo con las manos, nos muestra que la retórica oficial no le sirve al policía de a pie que sí tiene que poner el cuerpo.

La gran trama, el miedo como norma moral, los dos agentes no saben si al entregar al Chapo los van a matar los sicarios que rodean el hotel, o si sus propios mandos los van a traicionar por plata del cártel, esa doble sospecha es la realidad moral de muchos municipios, no es que no haya ley, es que obedecer la ley te pone en peligro de ambos lados.

Hay un motel con ventilador, sudor, y dos hombres decidiendo no recibir un soborno que les cambiaría la vida, ahí está la decisión moral.

En resumen, la Captura no es sobre cómo cayó El Chapo, es sobre qué pasa cuando en México alguien decide hacer lo correcto cuando todo el sistema está diseñado para que hagas lo contrario.

Lo que más me dejó pensando es esto, es en las dos morales que viven en México, hacer lo correcto o no hacerlo

Es en este punto donde entra la moral del anonimato, La del policía, el maestro, el enfermero que hace lo correcto y nadie le aplaude, que es la que sostiene al país, pero no vende, no genera utilidad.

El verdadero acto heroico no fue disparar, fue NO soltarse, quedarse ahí, con miedo, sin saber si tu jefe te vendió, si afuera hay 20 camionetas esperándote, eso es una ética casi kantiana, México sufre de no reconocerse en sus propias instituciones, no creemos en la policía porque la hemos visto traicionarnos, entonces cuando dos policías sí hacen su chamba, no sabemos qué hacer con ellos, Por eso quedaron en segundo plano y por eso ahora nos sorprende verlos como héroes.

Para mí el diálogo clave, que resume toda la realidad moral del país, es cuando uno le dice al otro: «Si lo soltamos, somos cómplices. Si lo entregamos, quizá mañana no existimos», esa es la disyuntiva mexicana diaria. No entre el bien y el mal, sino entre el mal que te conviene y el bien que te puede costar la vida.

¿Qué piensas tu de esos dos policías fueron estúpidos por no recibir el soborno o hicieron lo que muchos mexicanos nos negamos a hacer por que ya estamos permeados por ese Cáncer de la corrupción?

Te leo en los comentarios.

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