La “Propuesta” De Un Cliente

Lo que me propuso el cliente de ayer me dejó sin palabras. Es la primera vez que me hacen algo así.

Soy mesera y estoy en este trabajo por pura necesidad, no porque me guste.

Tengo 23 años, soy de Guadalajara y si les soy sincera nunca pensé que iba a terminar de mesera. Yo quería estudiar pero en mi casa no hay dinero, mi mamá está enferma una enfermedad rara que ni en el imss nos dijeron que era y yo tengo que ayudar con los gastos.

Entré a trabajar a un restaurante de aquí de la zona. El patrón me paga $1,800 a la semana. Con eso no me alcanza ni para la renta, por eso tengo que completar con las propinas.

Y ahí es donde empieza lo feo.

Aunque yo sea bien amable, bien atenta, bien sonriente con todos, me toca de todo.

Me ha tocado gente bien pedante, bien petulante, bien grosera. Gente que llega en carrazos, camionetotas del año, con cadenas de oro, que te tratan como si fueras menos. Te hablan con un tono bien feo, te truenean los dedos para que vayas, te dicen “a ver niña, apúrale” principalmente señoras de avanzada edad.

Y también me ha tocado gente buena onda, familias que sí te dan las gracias, que te dejan tu propinita de 20 pesos y con eso ya la hiciste.

Pero ayer me tocó algo que nunca me había pasado.

Llegó un señor como de 45 años, bien vestido, con una Suburban negra. Pidió lo más caro del menú, se portó amable al principio. Yo lo atendí bien como a todos.

Ya cuando le llevé la cuenta me dejó $500 de propina. Yo le dije muchas gracias, bien contenta porque con eso ya completaba mi día.

Y ahí me dice bien bajito: “¿Cuánto cobras por fuera? Te doy $3,000 si te vas un rato conmigo al hotel de aquí a dos cuadras”.

Se los juro que me quedé helada. Sentí un nudo en el estómago horrible.

Yo le dije que no, que yo no soy de esas, que solo soy mesera.

Y el vato se ríe y me dice: “Ay no te hagas, todas las meseritas de aquí hacen eso, por eso les dejan propina. Si no quieres $3,000 te doy $5,000”.

Me dio mucho asco y mucho miedo. Le dije que no otra vez y me fui a la cocina casi llorando de coraje viejo cochino.

Mi compañera me dijo que no le hiciera caso, que a todas nos ha pasado, que así son muchos clientes.

Pero les juro que me sentí bien humillada. Como si por ser mesera y por necesitar el dinero ya pensaran que soy prostituta.

Yo solo quiero trabajar honradamente, sacar para mi mamá y para mi casa. No me gusta que me vean así.

¿Ustedes qué harían? ¿Lo reporto con el patrón o mejor me quedo callada por miedo a que me corran? Porque necesito mucho el trabajo.

La verdad sí me dejó muy sacada de onda.

Laborissmo

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